Buscar este blog

miércoles, 3 de abril de 2013

JESÚS AFIRMA SU ROSTRO PARA IR A JERUSALÉN (Lucas 9:51-56; Juan 7:10).


“Cuando se cumplió el tiempo en que él había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para ir a Jerusalén.”. Con estas palabras se nos indica que va a ser de la vida de Jesús de ahora en adelante. Él está viviendo los días finales de su vida y dentro de poco la oposición a su ministerio irá creciendo hasta llevarlo finalmente a la muerte, donde cumpliría con la misión para la cual vino al mundo.
Él había estado poniendo los cimientos necesarios para ésta hora final. Había dado instrucciones sobre las características de su reino y la clase de vida a los cuales llama a los hombres. Había efectuado las obras suficientes que probaban que era el Mesías. Había elegido un grupo de discípulos para que continuaran su labor más allá de la muerte, y pronto los mandaría a predicar a los pueblos y aldeas para asegurar que todos escucharan el mensaje nuevo que Dios envió a su pueblo. Ahora, cumplido el tiempo, afirma su rostro para ir a Jerusalén, que es la capital y  centro de la vida  de Israel, donde se concentraba  el poder religioso de la nación, por estar allí el templo, el sanedrín y los principales lideres de los fariseos, saduceos y escribas.  También es el  lugar donde llegaban miles de judíos cada año de todas las naciones para participar de las principales fiestas. Desde allí harìa un llamado final a su nación.

Salieron pues para Jerusalén sabiendo que era un viaje peligroso, y para tener alojamiento seguro por el camino, envió antes algunos mensajeros para encontrar en Samaria lugar donde quedarse, pero él sabía que sería difícil encontrar hospitalidad en los Samaritanos, quienes desde algún tiempo después de la deportación habían entrado en enemistad con los judíos. En primer lugar porque Samaria estaba habitada principalmente por colonos que el rey de Asiria envió a ocupar esas tierras después de la deportación y cautividad  de los Samaritanos (2 Reyes 17:5, 6, 16, 18, 23, 24, 29,41). En segundo lugar, estos incircuncisos trataron de hacer una alianza con los cautivos que regresaron de Babilonia, para ayudarlos en la reconstrucción del destruido templo de Salomón, pero los judíos ( que no se mezclaban con extranjeros) se lo impidieron, lo cual provocó resentimiento una posterior conspiración para detener la construcción de la obra (Esdras 4:1-5, 24). En tercer lugar, los Samaritanos tenían sus propios lugares de adoración sobre el monte Gerizim, lo cual afianzaba aún más las diferencias con los judíos que adoraban en Jerusalén (Juan 4:20). Es a esta ciudad que Jesús envía por alojamiento, el cual no encuentra. Juan y Jacobo enojados dijeron: “Señor, ¿quieres que mandemos que baje fuego del cielo para acaban con ellos, como hizo el profeta Elías?” V.54  El profeta Elías en la conocida confrontación con los profetas de Baal, hizo descender fuego del cielo (1Reyes 18:20-40). Ahora Juan y Jacobo desean hacer los mismo, pero Jesucristo  reprende su sed de  venganza diciendo: “Ustedes no saben de qué espíritu sois; porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas.”. Sus discípulos no entendían cual era la verdadera misión de Cristo y que el espíritu del cristianismo es de buenas noticias de amor y perdón y no de venganzas. Dichas estas palabras fueron a otra aldea donde al parecer fueron recibidos. Es decir, que si una aldea de los Samaritanos rechazaba a Cristo, Cristo no rechazaba a los Samaritanos.

Con la decisión del maestro de ir a Jerusalén, comienza la parte de su ministerio que algunos llaman: "Ministerio tardío en Judea". Estudiosos de la Biblia concuerdan en que este período de la vida de Cristo es el más difícil de trazar en orden cronológico. Solo Lucas y Juan nos dicen de sus últimos esfuerzos en Judea. El libro de Lucas desde el capítulo 10 hasta el 18 contiene una amplia información sobre esta sección que no se encuentra registrada por los demás evangelistas y se le ha llamado  “El documento de viaje”.
Durante los meses de Octubre del 29 D.C.  Hasta Abril del 30 D.C. Jesús entro y salió de Jerusalén varias ocasiones. En la fiesta de los Tabernáculos (Juan 7:11), en la fiesta de la dedicación (Juan 10:22-39), en Perea (Juan 10:40-42), en la resurrección de Lázaro (Juan 11:35-44). Lucas también le recuerda a sus lectores con frecuencia que Jesús está viajando hacia Jerusalén (Véase 9:51; 13:22; 17:11; 19:28). Y no es sino hasta el capítulo 19 versículo 41 que Jesús llega realmente a Jerusalén, pero es ese destino final el que gobierna este período de su vida y que está siempre delante de él.

Durante este tiempo, con mucha más fuerza que antes, los judíos buscaban matarlo. Ya no había debate entre ellos en cuanto a lo deberían hacer con él, pues se había logrado un consenso de que lo mejor era destruirlo. De aquí en adelante lo que se buscaba era una buena ocasión para prenderlo sin hacer alboroto en el pueblo, y sus continuos debates durante este período, así como sus frecuentes visitas a Jerusalén, dieron el motivo y la ocasión que tanto habían esperado.

2 comentarios:

Fausto dijo...

Excelente!! Conociendo mas de la vida de Jesus

Anónimo dijo...

mi pregunta era por qué La Palabra dice que afirmó su rostro para ir a Jerusalén.Y el documento resolvió mi inquietud y añadió mas conocimiento del Señor y su ministerio sobre la tierra. Gracias.